Thursday, October 19, 2006

El Hombre Codorniz



Hoy, volviendo luego de un tiempo largo, me voy a ocupar de mi dibujito animado preferido, del que puedo asegurar que no me perdí ni un capítulo de los que pasaron acá en Argentina.
Como verán en el video, es Doug, que trataba sobre la vida de un chico con una imaginación muyyy grande y sus problemas pseudo existenciales.
Seguramente no es muy popular, incomparable con otros en nuestro país; pero como la idea es mostrar cosas que nos marcaron a cada uno, no podía escaparle.
La historia empieza cuando Doug, con 11 años, llega con su familia (padre, madre, hermana odiosa y perro llamado Chuletas) en un auto bastante raro, a un pueblito estadounidense con el típico cartel de bienvenida en la entrada que tiene el número de habitantes.
Habitantes de colores medios raros, como por ejemplo Tito Valentino, mejor amigo de Doug, que es de color azul. El diseño y uso de los colores en la serie a mi juicio es sensacional, bastante excéntrico, el papá de Doug es naranja, la mamá rosa, y el vecino inventor junto con su esposa son violetas.
Pero siendo nosotros, yo mismo, hijos de los Simpsons, los colores de la gente en los dibujitos animados mucho no nos pueden sorprender.
Creo que una de las cosas que me gustaba de la historia era la forma en que estaba contada. Doug siempre escribía un diario personal, y los capítulos giraban normalmente en torno a las cosas que contaba ahí mismo.
Como todo protagonista buenudo de alguna serie, Doug tiene su némesis, que en éste caso es Ruffo Klotz (de color verde), el tìpico matón de la escuela, que usa campera de cuero, pero en realidad es un bueno para nada, inseguro de si mismo con cara de vómito y un gato feo, que vive en un trailer con su mamá, y que cuando la serie es vendida a Disney, es convertido en millonario, algo así como el Lex Luthor de Smallville.
En cuanto al amor, y decididamente el gran nudo de la historia para mí, Patti Mayonese, una chica rubia que cuando Doug ve por primera vez queda totalmente enamorado. A lo largo de los diferentes capítulos Doug siempre va a tener problemas para revelar a Patti sus sentimientos, y lo que es más, muchos capítulos pasan con Doug haciendo de todo para que Patti no se entere de nada.
La historia tiene un final feliz cuando Patti invita a Doug a una "cita", palabra que Bonzo relaciona con series del canal Sony.
No podemos dejar pasar el vestuario de Doug, la remera blanca, el chaleco verde, y la bermuda color claro... En un capítulo Doug abre su "closet" y encontramos que toda su ropa es la misma. Jaja. Muy bueno, me acuerdo y me río.
La imaginación de Doug es algo interminable, tiene muchos "alter-egos", entre ellos, El Hombre Codorniz, para mí el mejor, con su cinto atado en la cabeza y demás petates anti héroe. A su vez con alguna de sus personalidades imaginarias se hizo algún homenaje a por ejemplo James Bond (el agente secreto Smash Adams).
El perro de Doug, raza pp, también ha sido central en la serie, con sus acciones cuasi-humanas.
Cuando el programa estuvo en Nickelodeon, Chuletas vivía en su iglú del patio, pero luego la serie fue vendida a Disney y convirtieron la cucha en una especie de tipi indio.
Ya nombré a Tito, el mejor amigo de Doug. Tito es muy inteligente, pero no actúa como tal, generalmente se ha pasado la serie diciendo cosas incongruentes, acompañando a Doug por cualquier lado y haciendo un sonido raro por el que se hizo bastante conocido.
Por otro lado, la vestimenta de Tito, es sensacional, jaja...
Párrafo aparte para The Beets, la banda de la que todos en la serie son fanáticos, una copia-homenaje a los Beatles.
Tito tiene un póster en la pared que dice "Meet The Beets", algo parecido al "Meet The Beatles"; y el último álbum de The Beets, se llama "Let it Beet", ¿alguna referencia a Let it Be?.
Para ir cerrando, cualquiera se va a acordar del capítulo en que Doug, que iba a ir a comer a lo de Patti, se volvió loco pensando que iba a comer hígado encebollado, llegando a probar tal asquerosidad, para luego llegar a la casa de Patti y encontrarse con hamburguesas.
Si no ponía eso me iba a arrepentir, y mucho.
En su momento me identifiqué mucho con Doug, y si volvieran a pasar los capítulos de nuevo seguramente me sentaría a verlos. Para el que quiera bajarlos, he encontrado varios buscando en el Ares, y en YouTube también hay bastante, pero todo en inglés.
Son cosas totalmente distintas, y muchos van a estar en desacuerdo conmigo, pero prefiero Doug, antes que cualquier dibujito oriental.
Me despido, recordándoles que como dijo una ves la hermana de Doug, para comer hígado encebollado, tienen que convertirse en hígado encebollado.
Y recuerden niños, "el Hombre Codorniz no es un juguete".
Hasta el próximo post.

  • Mati.

  • Saturday, October 07, 2006

    Un clásico golpea manos


    Antes de empezar otro viaje quiero disculparme con nuestro acotado público por la ausencia de posteos. El motivo de tal desatención se debe a que mi compañero y co-blogger Mati está sufriendo un litigio con las empresas proveedoras de internet debido a una "desdigitalización" de la línea (???). Este posteo le corresponde a él pero dada esta situación van a tener que soportarme dos veces seguidas.

    Terminadas las explicaciones, ponemos fecha en la maquinita (que ya nos tragó 3 monedas) con toda la esperanza de caer en nuestro nostálgico destino.
    Corre el año 1997. Temporada de bolitas en el patio. Son las 12 menos 20 y mientras guardamos los útiles miramos a cada rato el reloj para no perdernos ni un segundo del capítulo de los caballeros (y esperando que no se haya atrazado como de costumbre a la época en Seiya era un pequeño gurrumín incapaz de matar una vaquita de San Antonio). Suena el timbre y la calle se inunda de motores de mochilas con carrito de escape libre que retumban mientras golpean en los escaloncitos de la vereda.
    Por fin llegamos, Cocomiel hoy no nos arruinó el mediodía y entre olor a milanesas esperamos que empiece la pelea en la casa 8 (Escorpio, y de paso el 26 es mi cumple así que acuérdense de saludarme).
    Entre todo el folklore, entre la comida de mamá y la televisión, entre las llamadas de las abuelas y el calor del mediodía lo vemos: Un tipo hace mil malabares con un artefacto que nos suena a juguete del Chavo pero que aún así no deja de fascinarnos. Es el nacimiento de un clásico: El yo-yo Magic.
    De ahí en más empieza el ritual del "papá quiero uno", al cuál el pobre hombre se niega en un principio pero se ve obligado a ceder ante las amenazas de la abuela de hacerse con el objeto para el pequeño niño.
    Este artefacto que golpeó nuestras manos. Ese con el cuál no nos salió ningún truco, ninguna pirueta. Ese que todos tenían en la mochila y la escuela tuvo que prohibir luego de repetidas agresiones. Ese que tenían solamente en Pipa's, porque en otro lado eran truchos, de esos que daba vergüenza mostrar. Ese que tuvo un hijo, que se llamó Tiki taka y un nieto Diabolo Bronco, y sobrinos Skates y Bicis Bronco que no le llegaron ni a los talones. Ese que era indispensable tener aunque no se sepa ni hacer el nudito que va en el dedo.
    El Yo-yo Magic fue el producto de un canal que marcó la infancia de la gran mayoría de nosotros. Uno de los primeros símbolos de status de nuestra vida, llegó para desterrar a figuritas, bolitas y elásticos. Duró apenas unos dos meses antes de que algo tan insolucionable como una cortada del hilito o un raspón en la tapa lo obliguen quedar abandonado en un patio, decolorándose en el sol. Los que más duraron se vieron acribillados por su primogénito, el Tiki taka (aún más peligroso) pero existen algunos sobrevivientes en cuchas de perros, quinchos y cajas de zapatillas.
    Quien sabe si algún día no volverán a reclamar la atención que les robaron.


    Bonzo